Introducción al porno ASMR

El ASMR, del inglés Autonomous Sensory Meridian Response (Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma), es un neologismo acuñado a finales de la primera década de siglo que hace referencia a esa grata sensación de hormigueo que experimentamos con ciertos estímulos visuales o sonoros. Para algunos es un escalofrío que les sube por la nuca cuando les susurran al oído, otros se estremecen escuchando el crujido de una vertebra recolocándose en su sitio, otros lo sienten admirando simplemente un paisaje en movimiento. Los detonantes son diferentes en cada caso pero siempre se manifiesta como una sensación de bienestar que te transporta a otro plano físico, una especie de orgasmo cerebral producido por un estímulo familiar y agradable. En los últimos años el término se ha popularizado proliferando en Internet los contenidos que buscan inducir este pequeño estado de euforia. Una simple búsqueda en Youtube nos devolverá un sinfín de resultados, habiendo incluso canales especializados donde se practican actividades como cortar jabón o producir toda clase de sonidos manipulando objetos junto a un micrófono. Como podéis suponer, era cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriese introducir este concepto en el porno.

Aunque los estímulos auditivos no son novedad en el mundo del entretenimiento para adultos (ahí tenemos, por ejemplo, los antediluvianos cassettes con relatos eróticos que se distribuían antes de la llegada de los sistemas domésticos de vídeo), sí que es cierto que con el paso del tiempo parece que el sonido ha ido siendo relegado a un papel secundario en el porno hasta que la incursión de los contenidos en Realidad Virtual lo ha devuelto al lugar que le corresponde. Sin embargo el porno ASMR no se contenta con ser una experiencia más de inmersión, se trata de un viaje lisérgico donde seremos conscientes de todo lo que acontece a nuestro alrededor.

Para muestra un botón. «ASMR Fantasy» de AdultTime, producida y dirigida por Bree Mills, es una de las películas para adultos más recientes en temática ASMR. Compuesta de tan solo dos escenas protagonizadas por Angela White, Michael Vegas, Alina Lopez y April O’Neal, nos sitúa en ubicaciones tan trilladas como la consulta del médico y un salón de masajes. Estos detalles carecen totalmente de importancia dado que aquí lo relevante no es el escenario ni el argumento. Todo queda cristalinamente claro en el momento en el que aparece en pantalla la doctora White y susurra los primeros comentarios a cámara. Con los auriculares puestos se puede apreciar como su voz se balancea de un oído a otro, como si realmente estuviese frente a ti. A diferencia de otras producciones gonzo, ella no se apresura sobre la polla del paciente sino que continúa minuciosamente su examen con preguntas intimas, intercalando miradas seductoras y sonrisas de complicidad entre más susurros y otros sonidos (el chirrido al ponerse los guantes de látex, sus uñas repicando sobre el tablero…). Finalmente, por supuesto, el examen se vuelve abiertamente sexual pero la película se toma su tiempo hasta llegar a este punto. A nivel técnico la imagen goza de buena calidad, particularmente gracias a una inteligente disposición de la iluminación. La profundidad de campo es pequeña y abundan los planos POV, todo hecho ex profeso para evitarle distracciones al espectador. La otra escena es igualmente efectiva, un juego de rol entre Alina Lopez y April O’Neal donde rezuma el aceite, los lametones y otros sonidos húmedos.

Sin duda, cuando los medios humanos y técnicos están a la altura, el ASMR aporta al porno un valor añadido muy a tener en cuenta, sobretodo durante estos días de distanciamiento social donde más de uno anhelará un poco de intimidad física.