Porn Laid Bare: visión adulterada

Porn Laid Bare BBC

Todos conocemos la estructura clásica de cualquier film (presentación, nudo y desenlace) y todos coincidimos en que no hay nada más decepcionante que predecir el final de la película en la primera escena. Esto es lo que ocurre con Porn Laid Bare, la serie documental de tres episodios estrenada recientemente por la BBC en su plataforma iPlayer donde seis jóvenes británicos viajan a España para conocer acerca de la cultura sexual y la realidad tras las producciones pornográficas, cuya presentación de personajes ya deja mal sabor de boca al comprobar cómo de preconcebidas son sus ideas respecto al sector y cómo expresan sus disconformidades antes de tener oportunidad de ver de qué va todo.

Nos gustaría decir que los prejuicios se centran exclusivamente en la industria pero abarcan mucho más. Son prejuicios enteramente sociales que denotan una total desconexión de la realidad en la que viven. Frases como “the spanish people must be very liberal” (los españoles deben ser muy liberales), “I feel that my skin colour or heritage was a drop down menu in porn” (siento que mi color de piel o herencia fuese un menú desplegable en porno) o “so, you work for the money, not for the ethics?” (entonces, ¿trabajas por el dinero, no por la ética?), son una clara muestra de la falta de documentación sobre el medio así como el poco interés y respeto mostrado, no tan solo por parte de los productores sino de todo el reparto, tan cuidadosamente seleccionado para ofrecer el mayor conflicto posible.

Sin entrar en la media de edad, podemos ver claramente los diferentes perfiles seleccionados y cómo se comportan durante los episodios tal y como era de esperar según su rol definido. Desde la auto declarada feminista de piel fina que se ofende por el uso de la palabra ‘girl’ en vez de ‘woman’, pasando por el consumidor casual que se sorprende al descubrir un sector profesional organizado y estructurado, llegando al supuesto fan que va a festivales y sigue activamente a actrices pero que termina desencantándose y, como no, la supuesta aspirante a actriz que poco a poco va pasando a ser una de las más detractoras del grupo. Tan solo hace falta fijarse en las caras de estupefacción al ver las localizaciones o las discusiones filosóficas sobre el supuesto racismo implícito en la categorización de las webs, para percibir claramente el nivel de mojigatería expresada en todo el metraje.

Porn Laid Bare Rob Diesel

Todo pasa por un baile deliciosamente coreografiado para que el espectador tenga la sensación de ir hundiéndose en un pozo de mierda donde todo está hecho ex profeso para engañarle y que consuma inocentemente un producto descrito en el filme como nocivo e intolerable a todos los niveles.

Lejos quedan las explicaciones detalladas de productores, directores y actores, así como las muestras de respeto y profesionalidad, tolerancia cero a cualquier clase de abuso real o la meridiana claridad con la que la industria realiza su trabajo, ya que nada de esto les sirve a los protagonistas del film y su argumentario basado en el complejo de héroe. A medida que se avanza en la historia, nos van dejando muy claro que no son meros espectadores con un interés real en saber cómo funciona y cómo se realiza este trabajo: ellos han venido para salvarnos de nosotros mismos, no sabemos lo que hacemos y están aquí para mostrarnos el camino.

Y es que, con unos protagonistas de llanto fácil y en continuo conflicto con una realidad que no se ajusta a la imagen idealizada que se han forjado, este documental podría haber sido un drama de Óscar si no fuese porque todos los argumentos negativos expuestos provienen de sus prejuicios y sus supuestas evidencias las aportan activistas radicales y/o personas anónimas que no pueden probar lo que dicen y cuya información y testimonios son, cuanto menos, dudosos. En contraposición extrema nos topamos con la actitud de los profesionales del sector que, no solo aparecen abiertamente sino que se ven obligados en incontables ocasiones a probar la legalidad de sus actos, responder falsas acusaciones y dar garantías de veracidad de sus documentos.

Pero no contentos con eso, los protagonistas del documental también llegan a cuestionar el trabajo de profesionales de la salud y científicos cuando se sienten confrontados con los resultados de las pruebas a los que voluntariamente se han sometido, dado que se les ve francamente reticentes a admitir que no tienen control total sobre su cuerpo y cómo este reacciona ante los estímulos expuestos, de la misma manera que parecen tener dificultades para admitir que las expectativas estéticas a las que estamos sometidos no son un efecto exclusivo del consumo de porno sino que están directamente relacionadas con la cultura consumista en la que nos encontramos. Pero es comprensible que traten de buscar una causa-efecto y señalar a alguien, ya que siempre es más cómodo encontrar a un culpable que admitir que se habla de una industria y, como tal, se rige por la ley de la oferta y la demanda.

Sorprende ver cómo una generación que ha crecido rodeada de influencers, con acceso a prácticamente cualquier información disponible y la mayor libertad de expresión jamás habida, es incapaz de entender que sus opiniones se basan en inputs externos que reciben de la sociedad en la que viven, o como no pueden aceptar que existan opiniones o gustos que se escapen de su comprensión e intenten imponer su punto de vista a toda costa. Tristemente esta actitud consigue que un tema como la normalización del sexo y todo lo que le rodea, pase a un segundo plano en favor del debate sobre si ofende o no ofende que alguien no se sienta atraído por las personas de color, el sexo duro, la sumisión o sus recelos por experimentar con su orientación sexual y lo que esto representa. Y es que están más dispuestos a aceptar que el porno gay es más “amigable” antes que admitir que a una mujer le pueda apetecer hacer un bukkake, o le ponga berraca ser vejada públicamente.

Que sean los propios actores, productores y directores los que tengan que remarcar la importancia del papel educativo y concienciador que pueden aportar en ese proceso, o de la relevancia que debe adquirir el consenso activo en las relaciones sean del tipo que sean, es solo una muestra más de lo sesgada de la visión que el documental distribuye. Pocos comentarios positivos se hacen hacia la industria adulta y tristemente destilan un tufo a bienquedismo moderno que revuelve el estómago.

Porn Laid Bare BBC 02

Todo ello aderezado de una patina de viaje espiritual y revelador que choca de pleno con la forma en que se ha llevado a cabo el propio documental. Y es que, aunque se da a entender que ha habido transparencia sobre el objetivo de la filmación, nada más lejos de la realidad. Solo hacía falta seguir un poco la escena nacional para encontrar indicios que demuestran que, desde el principio, la productora no ha sido sincera con los colaboradores de la industria española; un buen ejemplo de ello fueron los artículos que Torbe publicó en su blog alertando sobre comportamientos “fuera de lugar” por parte del personal involucrado. Y tras él otros profesionales, como Irina Vega, que poco a poco han ido viendo como sus peores sospechas se hacían realidad, que todo era una farsa para grabar escenas a su costa que se han sacado completamente de contexto y donde ahora se ven poco menos que manipulados.

Los que en un principio se presentaron como gente interesada por ser actores, personas de mente abierta que querían ver y aprender sobre la industria y sus mecanismos, pasan a ser un muestrario de ofendiditos, más preocupados por sus eslóganes que en admitir cual es su papel como consumidores o que, como supuestos feministas, deben respetar la opción individual y personal de aquellas mujeres que han decidido hacer del porno su profesión. Flaco favor nos hacen a todos, ya que se pasan tres horas de metraje mezclando churras con merinas en una vorágine del todo vale, donde pasan por insinuar que todo el porno esconde prostitución o que de él derivan todas las relaciones abusivas, sin pararse a pensar si están pisando el libre albedrío de esas personas, que voluntaria y consensuadamente escogen ese tipo de relación, ya sea personal o profesional.

De todo podemos rescatar una sola perla, que pasa inadvertida cuando en realidad es la verdad más grande: “Nadie cree que las películas bélicas conducen a una sociedad más violenta, y no vemos a nadie pedir que Hollywood deje de producirlas porque son ficción; el porno también es ficción”.