Hoy nos zambullimos de pleno en el intrigante mundo del BDSM, un estilo de vida bastante desconocido para gran parte de la sociedad, y lo hacemos gracias al testimonio de la que es sin duda una de las dominas más sexys del panorama nacional. Nacida en Rio de Janeiro en septiembre de 1988, pero afincada en España desde los seis años de edad, Domina Sasha es una todoterreno en el ámbito del entretenimiento para adultos. Comenzó muy joven posando para publicaciones eróticas -como la desaparecida revista Bellísimas– lo cual la condujo a visitar el Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona y de ahí a descubrir el porno. Debido a presiones externas accedió a participar en unas pocas escenas sin embargo, al no estar completamente convencida y no tener control sobre el proceso creativo, no guarda un buen recuerdo de aquella experiencia y se muestra reacia a repetirlo. Sumado a que por aquel entonces mantenía una relación de casi matrimonio con un hombre muy autoritario hizo que se enfocase en otras facetas artísticas como el baile. Tiempo después, ya soltera, comenzó a colaborar con Conrad Son y conoció a Mistress Minerva, algo que le generó gran impacto y despertó su interés por el BDSM. Actualmente hace seis años que ejerce profesionalmente como dominatrix habiendo hecho de la sensualidad y el erotismo su sello personal. También cuenta con un perfil en la plataforma Loverfans donde da rienda suelta a su morbo y creatividad para deleite de su legión de fieles seguidores.

En lo personal Domina Sasha se declara una enamorada del mar y de los deportes acuáticos, además de practicar longboard cuando tiene ocasión. Una mujer jovial y sincera que atesora sus momentos de paz y disfruta haciendo realidad las fantasías más recónditas de su clientela por encima de estigmas y juicios de valor. ¿Os hemos despertado el gusanillo?

LGU: ¿Cuál sería tu definición de BDSM?

SASHA: Hay mucha gente que dice que el BDSM es un juego pero para mí es una práctica sexual sobretodo. Es como la persona que le gusta el rojo o el amarillo, aquí está el que le gusta que le escupan, que le meen, le gusta la lencería… es como dicen «Para gustos los colores». El BDSM es eso, de sus siglas eliges más o menos lo que quieres: bondage, dominación, sumisión… cada cuál tiene su fetiche.

¿Cómo empezaste en esto?

Lo mío es súper mágico todo. Como si fuera una ola, yo sigo la energía. Hace mucho tiempo conocí a Conrad Son -que yo quería trabajar con él- y entonces conocí a Minerva. Me pareció una chica increíble y ese poder, esa fuerza como mujer, me encantó tanto que se me quedó marcada. Empecé a ver vídeos suyos, a informarme un poquito de ella, sobre cómo trabajaba y fue cuando me despertó totalmente la curiosidad. Y claro, luego cuando lo probé ya vi que era lo mío porque sumisa no lo he sido jamás. Yo creo que todas las personas que nos dedicamos al BDSM tenemos una ama o un amo, en mi caso fue mi madre. Mi madre es una persona muy dura que nos ha inculcado mucha educación a base de palos, a la vieja usanza en plan te tiro la zapatilla, la correa… Eso y la relación tóxica que tenía con mi padre me dejó marcada para siempre, me hizo sacar una personalidad muy a la defensiva y, cuando me di cuenta, me gustaba follar el culo a los tíos, jugar con ellos, atarlos, hacer squirt

¿Para ejercer de domina se requiere previamente algún tipo de conocimiento anatómico para asegurarse de no infringir un daño permanente?

No, porque al fin y al cabo ellos te guían. No pienses que llega el sumiso, le cobras, le revoleas y se va. Él siempre viene buscando algo en concreto y te dice más o menos cómo lo quiere o cuál es su nivel de dolor, porque no a todos les gusta el dolor… El sumiso viene y te explica y, si le estás haciendo daño o algo que no le gusta, para mí hay una palabra clave, que es «Rojo». Simple, yo soy una persona muy práctica. Cuando me dice «Rojo» o directamente «Para» se termina ese acto. También, claro, cada persona busca su placer al límite, que de eso se trata el BDSM.

¿Cuál es la mejor experiencia que recuerdas en un servicio?

Hay un sumiso que me vuelve loca. Lo que pasa es que a él no le gusta follar y a mí lo que me da muchísimo morbo es que le obligo a que me folle. Entonces él lo pasa fatal y más placer me da a mí [risas]. Ese placer de que lo está pasando mal pero está haciendo lo que tú quieres, para mí es una adrenalina y sobretodo para él es un momento incómodo pero a la vez humillante: claro, le encanta. Los sumisos puedes atarlos en el balcón -como me ha pasado- él estar viendo a los vecinos, pasándolo fatal y con la polla durísima, porque es un acto reflejo al miedo, al estrés… A mí me gusta mucho porque esa situación me excita, me causa risa, morbo… [risas]

¿Y la peor?

La peor experiencia que recuerdo fue una vez que un sumiso no me avisó que le estaba doliendo, estábamos llegando o habíamos llegado al límite y de repente saltó. Se transformó en una persona como muy normal, muy patriarcal -vamos a llamarlo así- y se puso como nervioso. Para mí fue una situación muy incómoda. Desde entonces la verdad es no lo he vuelto a ver, me ha llamado y tal, pero fue muy incómodo. Tenemos unas pequeñas normas para no sentirnos mal en ningún momento y él las pasó. Es verdad que yo estaba muy excitada y no pensaba pero fui hasta el final. Pensaba que le estaba gustando pero de repente explotó. Estábamos en un hotel, cogí y me fui.

¿Cuál es tu fetiche favorito?

Mi fetiche favorito es objeto sexual. Es una disciplina en la que obligo al sumiso a hacer algo que no quiera. Me gusta mucho el morbo entre hombres, me gusta mucho obligar a que se chupe una polla o directamente que se lo follen, lo violen mientras está atado y ver como lo pasa mal. Es mi parte bastante sádica. No me gusta la sangre, no me gusta el exceso en plan medical, agujas o cosas de estas… Eso no me excita nada, pero sí que me excita lo psicológico, traumarlos. Tengo a sumisos de seis años que están ahí «Mi ama no puedo vivir sin ti»«Mi ama respiro por ti» y son como un reloj, cada mes están aquí.

¿Dónde está tu límite? ¿Qué práctica no harías nunca?

Yo no tengo límite cuando se trata de dinero, digamos que me vendo al mejor postor. Si a mí una persona me dice «Córtame un dedo y te doy tanto», aunque luego vaya a tener pesadillas yo le corto su dedo, le doy su placer. Límites no tengo pero si tengo que elegir jamás lo haría, obvio. Hay sumisos que les gusta tanto lo extremo que a veces dan miedo, al menos a mí. Hay veces que me da pánico porque tienen unas mentes… más cuando están solteros.

¿Qué es para ti el sexo?

Desde mi punto de vista el sexo es placer. En el momento en el que tú te corres, sea mental o sea físico, para mí es sexo. Queda muy bien decir que el BDSM es un juego porque la gente nos ve como si estuviésemos mal de la cabeza y para mí es muy triste porque hay mucho más. Yo empecé con mi ex pareja y él era el típico macho alfa de gimnasio que apestaba a testosterona pero después era como mi Gatita Flora. La semana que no le metía el dedito pillaba unos cabreos que no veas. La mayoría son así, incluso tengo un cliente que es un árabe millonario y conmigo es súper sumiso. Una vez me lo encontré en París con sus dos mujeres y, vamos, cuando me vio se puso súper nervioso. El hombre que tiene mucha testosterona quiere meterla y correrse, el hombre retorcido y autoritario tiene otro tipo de deseos, siempre buscan estar con dos, o buscar una travesti… Es como dicen, la fiebre de los ricos.

¿Hay mucho intrusismo laboral en el BDSM?

A ver, esto es un negocio y creo que las chicas se confunden mucho con tener un carácter como de vikingo. No funciona así, funciona a través de un juego mental. Lo mental atrae mucho a la persona. Te pongo un ejemplo: hay una parte de mi carrera en la que he sido como un cuadro en movimiento -el poseteo, una diva- y habían muchos sumisos que les daba miedo aproximarse porque tenían inseguridad, no conocían a la persona ante la que se iban a postrar. Cuando comencé a comunicarme más con ellos en mis redes sociales o a hacer más publicidad, se han relajado muchísimo y están mucho más a gusto. Me llaman más, ven que pueden tener un poquito de confianza, porque también es muy importante el feeling con el sumiso. ¿Intrusismo en el BDSM? Muchísimo, pero como en todos lados. Hay personas que nacen y hay otras que juegan a ello. Lo único que me puede afectar que una persona no haga bien su trabajo es darme más fama a mi, porque bien o mal el sumiso acabará volviendo a una profesional. Lo que más me molesta es la hora del tributo; ellas, al no tener experiencia, cobran muy poco y los sumisos se aprovechan, porque bien o mal no dejan de ser personas que buscan su placer y buscan la escapatoria más rápida. Nos estropea un poco el mecanismo que tenemos las dominas porque, aquí en Barcelona, solemos cobrar exactamente lo mismo. Yo lo tengo clarísimo: mi precio es tal y si no te buscas a otras, siempre tienes la opción, yo no tengo peleas con eso.

¿Estás abierta a la posibilidad de volver a rodar porno?

Me lo han propuesto. Incluso en el primer festival, después de que me separé, Nacho Vidal quería grabar conmigo. Han habido productoras que también me han contactado pero no me interesa hacer ese tipo de contenido porque no lo controlo. A mí, que una persona venga y me dé la del pulpo por una cantidad que considero mínima, no me apetece. Luego utilizan mi imagen como les da la gana y eso a mí no, porque tengo el trauma de lo que me pasó hace mucho tiempo. Lo haría si fuese a mi manera. Yo siempre tengo que tener el control, no puedo perderlo en ningún momento: iluminación, planos, tipo de foto… tengo que controlarlo todo. A mí me gusta mucho el porno muy erótico, estilo el de los noventa, con ese filtro en las cámaras como de velas, juegos de luces… A mí, que me pongan un pedazo de foco de hospital, me abran de par en par y me hagan treinta mil fotos, no lo soporto. Veo que es un buen producto pero no es el que me gustaría ofrecer. Me gusta más el morbo, el erotismo, el juego mental… tener una idea y luego que cada uno saque su parte artística. No deja de ser cine para adultos, tampoco es real.

¿Cuál es la lección más valiosa que has aprendido en este trabajo?

El control. Yo vengo de la época de Sonia Baby, Venus, Lucia Lapiedra… he visto como todas han caído como fichas de dominó por el arrepentimiento de hacer cosas que en ese momento eran OK porque daban dinero pero hoy en día les ha perjudicado mucho en sus vidas. Por eso mismo aprendí a llevar siempre el control, a no arrepentirme nunca de lo que he hecho, porque si lo he hecho bien y me ha gustado creo que no tengo por qué arrepentirme. Por ejemplo, Potro de Bilbao es muy vicioso y siempre me dice de grabar, pero yo sé cuál es su estilo. A mí me encantaría grabar con él si se dejase dominar pero si viniera en plan «Soy el Potro, te voy a violar» no puedo. Eso en el futuro no sé si me lo tomaría muy bien pero si, en cambio, me veo en una escena poderosa, orgullosa de mí… Es un poco lucha de egos, controlar mi ego. Mi ego me da vida, me da poder, pero también me destruye, me lo quita todo. Tengo que controlarlo siempre.

¿Qué podemos encontrar en tu perfil de Loverfans?

Vas a encontrar de todo: porno, amor, pasión, adrenalina, BDSM, scat, lluvia dorada… es como ir al averno y encontrar todas tus perversiones. Me gusta mucho crear y no me concentro solamente en el BDSM, me gusta de todo tipo. En mi Loverfans puedo hacer tanto que soy una niña inocente como que soy una perra dominante, de todo, y gracias a eso gano bastante dinero porque no soy de las que sube contenido todos los días, ni cada semana por obligación. Subo cada mes dos o tres vídeos. Fotos subo muchísimas pero tampoco me caliento mucho la cabeza porque lo que me interesa más son las sesiones en vivo.

¿Te gusta el scat?

No, claro que no, es desagradable. No me da ningún tipo de placer. Hay personas que se embadurnan o se lo comen. Yo no puedo, me da bastante asquete y mira que soy una persona que come súper bien, no tengo vicios raros, bebo agua, siempre verdura, no como mucha carne… y «eso» tiene un buen olor [risas]. El sumiso puede hacerlo; yo se lo hago aquí y luego lo mando al baño a que se regale. Hay muchos también que quieren que cague en una bolsa y se la llevan [risas]. Tenía un sumiso que el olor de su aliento era muy asqueroso y, al tiempo de venir y llevarse siempre una bolsa, le pregunté y me dijo que mientras conducía, en su día a día, metía el dedillo y se lo pasaba por los dientes [risas]. Hay algunos que te llevan a cenar y quieren que comas una cosa en concreto, otros con la lluvia dorada…. cada loco con su tema [risas]

También te hemos visto en festivales realizando shows en vivo, ¿lo disfrutas?

Me encanta porque, cuando estuve diez años en pareja, me dedicaba al mundo del espectáculo. He bailado en TV, teatros, despedida de solteros… todo lo que es bailar y quitarme la ropa me fascina, es lo que alimenta esa parte artística que tengo. Para mí es súper importante englobarlo todo en verdad, porque en mi Loverfans incluso puedes encontrar un striptease muy sensual y luego me toco un poquito. Y claro, un espectáculo en el Salón Erótico con todos esos pajilleros, ese olor que desprenden de testosterona viciosa me lleva al limbo. Incluso me acuerdo que en Alicante salimos en primera plana de El Mundo haciendo un espectáculo con Yelena Vera y Sonia Lion. «En el templo de la madurez sexual» se llamó. Salía yo con una cara descolocadísima [risas]. Que a Yelena Vera incluso le di tan fuerte con el consolador que le rajé la boca por dentro, le tuvieron que poner puntos. Se corrió a chorros, fue muy heavy. Ese video está en mi Loverfans. Pero festivales eróticos, desde que cambiaron lo que es la dirección, yo no voy más. Está muy bien, educa bien a las personas, pero hoy en día lo veo más como un museo, no para ver espectáculos.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiera seguir tus pasos?

Han habido muchas personas que me han preguntado y siempre les digo lo mismo: el feeling es lo más importante. Tú no puedes llegar, inflarlos a palos y decir «Es que soy una borde». Es la temática. Por ejemplo Minerva es un poco gore, un poco sádica y a ella le va ese teatro. A mí me va la sensualidad, el erotismo, el porno de los noventa, Playboy, esas mujeres, curvas… dentro de lo que cabe es por donde más me puedo guiar. Pero a las dominas que empiezan tampoco se les puede dar ningún consejo porque habrán sumisos que te la jueguen y otros que te enseñen. Es la experiencia. Habrán situaciones muy incómodas. Una vez estuve en un grupo de dominas, escuchaba cada cosa que me quedaba loca y ellas actuaban como si no pasara nada. Me llega a pasar a mí y madre mía. En ese aspecto soy súper dura, si me intentas vacilar o reírte de mí soy radical: castigo. En mi vida normal es muy difícil cabrearme porque paso de todo pero en el trabajo, cuando se trata de dinero, vicio y todo ese intercambio de favores, me pongo tensa.

¿El estigma sobre tu trabajo te ha causado alguna situación desagradable?

Cuando hablas de que haces películas la gente como que lo acepta, piensa que eres una guarra más, pero cuando dices que eres domina lo primero que te dicen es «¿Eso que es?». Luego les dices «Lo de Cincuenta Sombras de Grey» y dicen «¡Ah vale!. ¿Y te gusta que te haga eso el Grey?»«No, es que yo soy el Grey». [risas] Para las personas normales es un shock. Mi sobrina, mi hermana, mi madre… al principio les chocó. Ellas se han criado de otra forma -el hombre machista y tal- y dicen «¿Pero cómo le haces eso a un hombre?» y yo «Los mato a palos y me pagan por ello» [risas]. Cuando le explicas a una persona que a fin de cuentas lo que hago es dar placer, se relajan, lo asimilan más. Y cuando conoces a alguien y le dices que te dedicas al BDSM lo primero que te pregunta es «¿Pero tú follas?». Cuando la sociedad cree que se está riendo de mí yo me estoy forrando. No me preocupa para nada porque todo lo que tengo en la vida me lo he ganado yo o me lo ha dado un Sugar Daddy, las cosas como son [risas]. Pero también me lo curro porque tener un Sugar Daddy es otro trabajo aparte y no es fácil.

¿Es muy complicado?

Mantener a una persona en el nivel del enamoramiento uno, dos, tres años y que haga todo lo que tú digas es difícil. El secreto es la distancia, cuanto más lejos vivan más te van a desear y los momentos que pases con él siempre serán mágicos porque como te conozcan en el día a día, cómo te levantas, cómo te tiras un pedo, pierden el encanto y la tarjeta se la guardan. El objetivo de trabajar con un Sugar Daddy es pasárselo bien. Dudo mucho que una chica que viaje y esté con un tío que le dé dinero no se lo esté pasando bien, muy feo tiene que ser… Yo tengo la regla de que me tiene que atraer, ponerme en la cama o algo que me guste porque si no le cojo asco y, contra más me dan, más asco le cojo y más se enamoran. Es una forma de trabajar jodida pero hay tíos a los que les va ese rollo. Tengo sumisos que no son Sugar Daddies pero quieren que les ates, cojas su tarjeta y durante una hora gastes por todos lados. Luego llegas, no les dices nada de lo que te has gastado y cuando lo comprueban al día siguiente se les pone dura. Yo siempre procuro comprar cosas para ellos, la verdad. El dinero ese lo invierto en el trabajo, tacones, lencería… cosas que a ellas les fascinan y luego también les compro cosas para ellos, para que se sientan bien, unas braguitas…. [risas]. Si es que a ellos le encanta, sobretodo a los que van de corbata. Te puedo decir que un 70% de los hombres con corbata llevan lencería debajo [risas]

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

En mi tiempo libre me gusta muchísimo el longboard, la playa y dormir. Descansar me encanta. Sobretodo, lo que más me gusta es surfear, viajo por muchos sitios surfeando y cuando no puedo hago snorkel. Me gusta el mar. La música es mi pasión. De cine lo que más me gusta en realidad es Disney. Es un poco raro pero es lo que alimenta mi parte artística, me imagino siendo Cenicienta vestida en látex y dominando al príncipe o Blancanieves haciendo que el príncipe le chupe la polla al otro príncipe [risas]. Me ayuda mucho no perder la inocencia porque es peligroso. En este mundo, cuando pierdes la inocencia del todo, mueres como persona. Eres un muerto en vida, solo eres un producto.

Muchas gracias, Sasha

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Agradecimientos especiales | Sonia Lion