Hoy nos congratula recibir a una de las grandes del cine porno español, una mujer de bandera que lleva dedicados casi tres lustros al mundo del erotismo en sus diversas vertientes. Nacida en Badalona en junio de 1981, desde muy joven Sonia Lion tuvo claro que su futuro estaría marcado por el exhibicionismo y la seducción. Criada por sus abuelos en un entorno humilde, este culo de mal asiento reconoce no haber sido de las primeras de su clase pero en lo que no le ganaba nadie era en apuntarse a una jarana. Su aversión hacia los estudios hizo que comenzase a trabajar pronto, siendo sus primeros empleos camarera y dependienta en El Corte Inglés. En 2007 un amigo le propuso ir al Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona y la posibilidad de presenciar espectáculos de sexo en vivo le llamó poderosamente la atención. El destino quiso además que en esa edición la productora IFG estuviese organizando un casting en directo y, antes de reparar en ello, ya estaba subida en el escenario rodeada de testosterona. Aunque la experiencia terminó de forma un tanto accidentada, había nacido una estrella y no tardó en contactarle Dunia Montenegro para proponerle participar en su primera película. Varios años y muchas producciones después, entre las que cabe destacar el bukkake para Leche69 que batió el récord de España, Sonia Lion sintió la llamada del striptease y decidió tomar ese tren. Corría el año 2013 y, tras prepararse duramente en una escuela de Barcelona y despojarse de su nombre artístico, Merche Ferrer se lanzó a bailar por el país cosechando notable éxito. Sin embargo la cabra siempre tira al monte y en 2016, tras un reseteo mental, regresó al porno con el que desde entonces mantiene un idilio intermitente. Además de las mencionadas, en su carrera como actriz ha trabajado con empresas como FAKings, Cumlouder, ADPTube, MMM100, Ann&Marc Studios, DDF Network, Woodman Entertainment o Legal Porno, entre muchas otras, aparte de producir sus propios contenidos que distribuye en plataformas como OnlyFans. Otro de sus grandes logros ha sido posar para la revista Playboy con los que mantiene un contrato desde el pasado año.

Tras haberse pasado el juego, Sonia Lion considera que el porno es algo que hay que vivir sin tomárselo demasiado en serio y actualmente, en su madurez emocional, está enfocada en formarse como terapeuta, en la autorrealización y en disfrutar al máximo de sí misma. También es una apasionada del rock y de los clubs de moteros, combinación que junto con el baile consigue sacarle el duende artístico que lleva dentro. ¿Nos acompañáis a conocerla mejor?

LGU: ¿En qué momento se cruza el porno en tu vida?

SONIA: En un momento en que yo ni me esperaba. Un amigo me llama y me dice que vayamos al Salón Erótico, me impactó un poco el pensar que iba a ver sexo en directo, me causó muchísima curiosidad, le acompañé y casualmente estaban haciendo un casting en directo una productora que se llamaba IFG, que ahora ya no existe. Él me decía «Sube que tú vales», yo no me atrevía a subir y, en un momento que ni recuerdo antes de cerrar el casting, ya estaba arriba. Y ahí empezó todo. Nervios no recuerdo, mucha adrenalina porque, claro, subir a un escenario con tantísima gente como había en aquel entonces… Recuerdo que la cama era muy grande y hubo un momento en que dejé de ver al público porque esos hombres se me echaban encima de una manera que solo veía zambombas por todos lados. Y el final fue en el hospital [risas]. Quise meterme entre todos esos chicos y un par de chicas que habían hasta llegar al público y, cuando llegué delante, al sacudir el pelo para lucirme uno de ellos bajaba con la boca abierta, yo subía con el impulso y me clavó los dientes. Acabé en el hospital con nueve puntos pero al día siguiente volví para darle mis datos al productor, que me dijo que volviera. Y ahí ya…

¿Qué recuerdos tienes de tu primera película?

Si no me equivoco la primera película me llamó Dunia Montenegro y fue con un chico que ya no lo he vuelto a ver -estuvo un tiempecito- que se llamaba Cristian Frey. Si no recuerdo mal estábamos Dunia Montenegro, Cristian Frey, Sonia Baby y yo. Y bien, lo recuerdo muy divertido [risas]. No recuerdo vergüenza ni nada. Es que para eso siempre he sido como pez en el agua, me he centrado siempre en las personas, en los olores, en lo que me desprendían. Con mucha euforia. Es que empezar de tan niños en el sector del porno te produce euforia, te produce ilusión.

¿Sabías algo de cómo era realmente este trabajo?

No, yo iba y actuaba delante de la cámara. Bueno, yo nunca actué, para mí era como ir al parque a jugar, era muy divertido, pero no sabía lo duro que era hasta que ya me fui haciendo más adulta. Es un sector en el que hay muy poca seriedad por parte de actores y actrices, hay muchísimos que están vetados porque llegan tarde o no vienen… Es algo serio, porque viene un cámara, viene un director, un productor, una actriz… entonces, como falle uno, se te cae todo. Luego, cuando vi la seriedad del asunto, intentaba ser correcta porque si no lo eres te echan al lado.

© DDF Network

¿Qué es lo que más te gusta de este trabajo? ¿Y lo que menos?

Pues tanto de la profesión del cine para adultos, como del striptease, como de la fotografía lo que más me gusta es llegar a transmitirle a la cámara la seducción. Mejor dicho, a través de la seducción, llegar a transmitir lo que llevas dentro. Es como un método para poder mostrarte ante la gente y decir «Esto es lo que lleva mi alma». Lo que más odio es cuando te quieren tratar como un trozo de carne, ahí ya me has perdido. Si me tratas con respeto te lo voy a dar todo, si me tratas como un trozo de carne no te voy a dar nada. De hecho hace poco tenía que grabar -pagaban muy poco- y el chico me decía «Pero si es un anal, es un momentito… Esto es el culito para adentro, para afuera y ya está». No, a mí no me hables así. Un anal tiene su trabajo, tienes que hacerte una lavativa, tienes que ponerte una crema anestésica y es delicado, no todas hacen anal y por algo será. Como la manera de tratarme ya no me gustó, no voy a rodar contigo.

¿Qué es lo más extremo que has hecho en una escena?

Lo más fuerte, lo que yo he sentido más loco ha sido el bukkake que batió el récord de España en 2010. Esto para mí fue una locura. Piensa que habían 21 tíos que tocaron el Nirvana en 32 minutos [risas]. Antes de empezar el bukkake veía a todos esos hombres, muchos no habían estado antes delante de una cámara -había algún actor que iba tapado- y yo tenia que lograr la atención de todos. El que no había estado nunca delante de una cámara se distraía con el del al lado o a ver si el otro le miraba, entonces usé la técnica de relajarlos uno a uno. Hablaba con el que veía más nervioso y le decía «Tú eres seguidor mío, ¿no?. Esta quizás sea la única vez que nos veamos. Céntrate en mí, céntrate en el morbo que te voy a desprender y disfruta de este momento». Lo logré. Esto para mí fue lo más loco porque, cuando acabamos y a la semana me dicen «Has batido el récord de España», ¡OMG! [risas]

¿Anteriormente habías hecho algún bukkake?

No, pero solo basta que obtengas el récord de España para que luego te quieran contratar en todos lados para hacer bukkakes. Sucesivamente me contactó Bruno y María y en Sevilla hice dos bukkakes. Pero bueno… yo quiero mucho a Bruno y María -estuve varios años con ellos- pero como el primero nunca va a haber dos ni tres. Es como un deportista de élite que gana una carrera, es un momento impactante, no se puede repetir igual. No sé si el récord sigue vigente pero la verdad es que yo me meto en Internet, pongo «Bukkake récord de España» y sigue saliendo mi nombre. Dicen que se ha rebatido, yo no lo he visto porque tendría que salir entonces esa persona, ¿no?.

© Leche69

¿Qué no harías nunca en una escena?

Coprofilia, me parece muy asqueroso, me parece anti morbo. Y luego zoofilia, no lo haría nunca. ¿Cómo voy a coger yo un caballo y me voy a poner a cabalgar? Déjalo que cabalgue sólo el pobre… Tampoco haría BDSM porque a través del dolor yo no siento placer, no lo haría nunca. Podría hacer de sumisa para unas fotografías o un espectáculo, me podría vestir y que me cojas de la cadena, pero no practicarlo. Tampoco podría infringir dolor hacia nadie. Si soy incapaz de dar ni una colleja, ¿cómo le voy a pegar a ese hombre con un látigo?. Yo creo que luego le diría «¿Te he hecho daño?». No, tienes que valer.

¿Cómo se produce tu transición al striptease?

En el año 2013 descubro el mundo del striptease y empiezo a entrenar en una escuela de Barcelona. Entreno tres días por semana con la barra, muy complicado, llena de morados por todos lados, pero me podía mucho la pasión y en esos años me formé como bailarina y empecé a bailar por toda España. Pasé de un sector a otro. Que al fin y al cabo hay un hilo muy pequeño que los une, porque estamos hablando de provocación, de seducción, pero decidí darme un aire, un aire distinto pero sin desprenderme de ese hilo de erotismo. Y muy contenta. Llegué a entender que el striptease es como una flor que se va abriendo y a acentuar siempre todos los detalles para sacar la mayor elegancia en un baile. Porque igual lo puedes hacer para un público en un salón erótico muy porno que para un local de cenas donde hay matrimonios. Con los años fui aprendiendo a amoldar lo que era el striptease y lo amo.

En tu carrera como bailarina nos consta que has actuado en muchos clubs de moteros. ¿Es fundada esa fama que tienen de tipos duros y violentos? ¿Has tenido alguna vez algún problema con ellos?

Te puedo decir que el sector de los moteros es mágico. Cada motoclub tiene sus normas, tienen muchísimo respeto hacia la mujer, siempre que he actuado en un motoclub me han tratado súper bien. Metrauners es un motoclub al que amo mucho, gracias a ellos pude empezar a bailar en otros. Esto es como una pequeña familia, una vez entras ellos mismos te van recomendando y en todos los motoclubs donde he estado siempre he tenido a un motero encargándose de mi. «¿Necesitas agua?», «¿Quieres ir al baño?», nunca jamás he tenido ningún problema. Además este sector logra sacarme muchísima garra, porque el rock es algo que me encanta. Si el rock lo juntamos con el striptease salgo yo. Amo ese mundo. Es muy distinto actuar en un local de moteros a actuar en un salón erótico porque lo que te desprenden ellos, con las chupas de cuero, las caras de malos… De hecho, no se si habéis visto alguna actuación con Blondie Fesser. Eso es una locura. Pero, claro, tienes que hacerlo con una persona que lo sienta igual que tú y Blondie lo siente y lo traspasa.

¿Cuál es la lección más valiosa que has aprendido en este trabajo?

La lección más valiosa que he aprendido ha sido a no abusar de los dotes que Dios me ha dado. Por el simple hecho de ser las mujeres que somos, cuando un chico se enamora o muchísima gente que quiere entrar en tu vida, podríamos aprovechar esta imagen para sacar bastantes beneficios y abusar de corazones buenos. He visto a personas que han abusado de ello y que se han creído Dios y no eran nada. He aprendido a seguir siendo humilde, a ser vulnerable, a saber ponerme en la otra piel. Si puedo y alguna chica me pide un consejo o la puedo ayudar, lo hago. Nadie lo hizo por mí en su día y, cómo sé cómo me sentí, no quiero que lo haga la chica que venga detrás.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiera seguir tus pasos?

Que piense en su madre y en su padre, que lo tenga muy claro porque se puede romper hasta el vínculo familiar. Si tú lo sientes con esa fuerza y realmente quieres hacerlo, atente a las consecuencias. Pero si es lo que sientes, adelante, porque lo acabarás haciendo aunque tus padres te digan que no. El consejo más importante que le daría es: cuídate sobretodo mentalmente, no dejes tus objetivos, porque el porno está bien pero tienes que tener una línea recta en la vida, tienes que tener tus objetivos y tus estudios. No dejes tus objetivos por todo el dinero que puedas ganar ahora y toda la adrenalina que estés viviendo. No pierdas tu hilo y esto tómatelo como ocio. Si te lo tomas como un trabajo y crees que vas a ver un futuro a la larga… no me hagas mencionar personas, que ya han pasado años y mira donde están. Mete un poco la patita pero no metas la cabeza.

¿Cómo nace tu relación con Playboy?

Mi relación con Playboy empieza en el momento que nace una amistad muy bonita con el fotógrafo Jorge Ogalla y me propone posar para la revista. Un fotógrafo encantador, me fui a Marbella a conocerle y a raíz de ahí se firma un contrato para colaborar con ellos donde, en cualquier evento que se haga en el que te incluyan, tienes que estar. Me lo propuso y la verdad es que no iba a decir que no porque la gente que me conozca verá que yo tengo Playboy tatuado desde hacía años. Yo quería estar en Playboy de más jovencita, luego ya dije «Bueno, serán fantasías mías». Incluso me lo estaba borrando con láser cuando conozco al fotógrafo y me veo ya en la revista. Creo que al final, poco a poco, lo que uno visualiza lo acaba atrayendo. Si te mueves en el sector del modelaje al final las revistas te acaban viendo y, si gustas, te llaman. Estoy orgullosísima, el día que firmé el contrato no me lo podía creer. El año pasado hicieron un reportaje en el confinamiento donde salían escritores, cantantes y por en medio ponían fotos nuestras con la mascarilla, todas confinadas en casa. Y también salimos en un reportaje de verano, me dedicaron siete paginas y cruzo los dedos para que la próxima sea la portada.

© Jorge Ogalla | Playboy

¿Crees que la proliferación de plataformas para subir contenidos propios –como OnlyFans- está influyendo de forma positiva en el funcionamiento del negocio?

Creo que, como estas plataformas sigan, el porno [tal y como lo conocemos] va a desaparecer porque cada persona está creando su propio porno y ahora hay muchísima variedad, muchísimas ideas. Antes eran uno o dos, el que dirigía y el que producía, ahora son cada actor y cada actriz con unas ideas sorprendentes. De hecho ya hemos pagado mucho en la crisis porque, por decirte algo, si en una escena cobrabas 1.500, en 2007 eran 4.000 y ahora te quieren dar 500. Entonces, si en casa con tres rodajes de dos minutos lo vas a ganar y no te tienes que desplazar hasta la otra punta… Creo que OnlyFans se va a comer al porno.

¿Cómo es la relación con los fans ahora que estas plataformas o incluso las RRSS permiten mayor interacción?

Cuando hablan contigo directamente y escuchas lo que te piden y tal, lo puedes grabar a través de un intercambio económico. Está bien, para mí es muy divertido. No te suelen pedir nada del otro mundo, son fantasías. Yo para cocinar en casa no me pongo una faldita de colegiala pero sí que voy desnuda o me estoy duchando y me pongo a cantar… Entonces digo «¿Qué cambia grabarme si esta persona quiere ver lo que hago en la intimidad?». Si lo grabo para compartirlo con él y me paga lo que me he gastado en el estofado, pues oye, genial. A mí me halaga y me gusta ver cómo hay personas que se ilusionan hablando contigo, que ven que eres humilde. Ya no es OnlyFans, tú me escribes por Instagram y te voy a contestar. Creo que aunque tuviese 100.000 seguidores leería cada día porque a mí me gustaría que me contestara Brad Pitt pero todavía estoy esperando. Me haría mucha ilusión. Yo no me considero Brad Pitt pero oye, soy Sonia Lion ¡qué leches! y contestarles y verles con esa ilusión, ver lo contentos que se ponen, me satisface. Me llena de orgullo, no de ego, ojo, de orgullo, porque yo ya sé quien soy, no necesito demostrarlo en una conversación. Es un poquito el «Mira, valora mi trabajo».

¿El estigma de trabajar en el porno te ha hecho enfrentarte alguna vez con alguna situación desagradable?

En lo que más me ha repercutido el cine para adultos ha sido en el amor porque, al fin y al cabo como os he contado, a mí me criaron mis abuelos. Si mi abuela estuviera viva esta cola ya me la hubiera arrancado porque para ella hubiese sido un escándalo. Pero sí que lo he pagado muy caro en las relaciones, porque el hecho de haber estado con Perico o con Perica… Ya sabíamos que yo era actriz, el problema es que cuando se enamoran de ti, a los tres primeros meses es muy bonito todo pero cuando ya te tienes que ir a rodar… A mí me han encerrado en casa con llave para que no saliera a rodar. El amor y el porno son incompatibles, es triste pero es así.

© Cumlouder

¿Te molesta cuando la conversación gira demasiado en torno a tus hábitos sexuales y se te ignora como persona?

Me ha molestado durante tiempo que no quisieran saber sobre mí, que solo quisieran saber «¿Cuántos eran en el bukkake?» o «¿Este cómo la tenía?». Me afectó hasta que llegué a entender que una cosa es el personaje que vendes y otra quién eres. La gente quiere saber sobre el personaje, cuántas escenas has hecho, con quién has estado… Muy importante saber apartar. ¿Me ha afectado?, sí, ¿mucho tiempo?, sí, ¿a día de hoy?, para nada. Lo que sí me da mucha rabia es que estemos hablando, por ejemplo, de striptease y me saquen pullitas del porno. Que tampoco están tan lejos pero para mí el striptease ha tenido un sacrificio tan grande, económica y físicamente que, cuando hablo de esto con tanta pasión y me dices «Pero tú tuviste el bukkake de España» es como «¿Esto es en serio?». No me gusta que, cuando hablamos del striptease o la fotografía, me saquen el tema del porno si no lo hemos acordado.

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Me encanta la meditación, me encanta el yoga. Sigo nutriéndome, me encanta estudiar la mente humana, el psicoanálisis, el consciente, el subconsciente, el desapego… Y lo que más me gusta de todo es disfrutar de mí misma, porque he llegado a pensar «Si tanta gente quiere estar contigo, ¡que grandeza tiene que haber!». Empecé a descubrirme a mí misma, a apartar a mucha gente de mi vida y ¡qué bien estoy, te lo juro!. Me gustan los animales, las mascotas, las amo. Tengo dos Yorkshire -uno pesa kilo y medio- se llama Elvis Presley y el otro Rolling Stone. Soy amante de los clásicos de los años cuarenta y cincuenta y mis tatuajes están enfocados a ello: Marilyn Monroe, Rita Hayworth, Lili St. Cyr… y los próximos serán Ava Gardner, Marlon Brando… Soy amante de los años en los que empezó el despelote: Marilyn Monroe con la falda, Rita Hayworth con el guante en «Gilda»... Increíble. Me encanta el cine, sobretodo el de acción: películas mexicanas, colombianas, narcotráfico, prisiones, persecuciones… las amo. A mí de Disney no me hables porque yo soy una mujer guerrillera.

Y te encanta el rock…

Yo vengo de familia artista, mi tío fue batería de un grupo en los años 70 que se llamaba Santabárbara. Crearon un rock pop que pegó mucho en aquellos años, estaban número 1 en las listas -todavía conservo sus baquetas- y si te soy sincera no me había centrado en escuchar rock. De más pequeña escuchaba hip hop, Alicia Keys, Céline Dion… y, cuando empecé a escuchar rock, algo en mí empezó a vibrar. Además coincidió cuando empecé a bailar, buscando en recopilatorios qué canción podía usar, y el rock me empezaba a fluir de una manera increíble. Es como que, me voy a bailar a un local -yo siempre llevo AC/DC y Guns N’ Roses– el pen no funciona y me dicen «Yo te pongo música». No, entonces no voy a bailar porque me puedes poner cualquier catástrofe y no me vas a despertar lo que llevo dentro. El rock lo despierta y lo despierta de una manera increíble, hasta el punto en que en mis espectáculos he contratado a guitarristas para tirarme delante de ellos mientras tocan y darles mi alma y lo que no era mi alma, porque en esos momentos no era ni yo. Cualquier artista que me escuche lo entenderá, es un duende que tenemos dentro y que cuando empieza a fluir, eso es una locura. Y además lo bueno es que, si tú bailas rock en un local motero, entonces la locura es máxima.

Muchas gracias, Sonia

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Maquillaje | Keren Delgado
Agradecimientos especiales | Blondie Fesser