‘Poltergeist’. El declive de un mito

Poltergeist‘ está considerada como un icono contemporáneo del cine de terror, incluso alrededor suyo ronda un aura de maldición por haber fallecido algunos de sus protagonistas en circunstancias misteriosas. Sin embargo lo único realmente cierto es que tras veinticinco años desde su estreno, al film de Tobe Hooper le ha ocurrido lo mismo que a Sara Montiel: ¡qué mal ha envejecido!.

Lo triste es que en nuestra memoria solo recordamos los detalles que molan; la niña frente al televisor, la casa construida sobre el cementerio, la médium enana diciendo aquello de «¡Carol Anne ve hacia la luz!«, pero seguro que nadie recuerda la estúpida escena en la que todos los objetos del dormitorio de los niños levitan en órbita (que digo yo que si los sucesos eran tan evidentes, podían haber llamado a la poli antes que a unos parapsicólogos, ¿no?). Por si fuese poco, y en la misma secuencia, un disco de vinilo empieza a sonar reproducido por la aguja de un compás… ¿alguien me puede dar una explicación científica sobre esto?.

Personalmente, como fiel devoto de Iker Jiménez, no puedo hacer otra cosa que partirme el ojete viendo la de paridas que se llegan a mostrar una vez desencadenados los fenómenos paranormales; parece que estemos viendo una comedia tipo ‘Atrápame esos Fantasmas‘ en lugar de algo serio con pretensiones de aterrorizar. Véase: movimiento inexplicable de mobiliario… ; payaso estrangulando a niño con brazo hiper-dimensionado… fail!

Dejando a un lado los efectos especiales, que en su época serían el novamás pero que ahora son de lo más casposo (solo hay que ver la escena del tipo al que se le cae la cara a trozos), Tobe Hooper no ha sabido plasmar nada de ritmo a la película; la «terrorífica» escena del ataque del árbol comienza sin venir a cuento cuando la película apenas lleva diez minutos. Otro recurso que al parecer también se pasó por el forro son los efectos de sonido, ya que hay algunas escenas en las que ocurren cosas y, si te pillan distraído, ni te enteras. Afortunadamente en la secuela, Brian Gibson corrigió este defecto incorporando los famoso coros angelicales que tan buen resultado han dado en películas como ‘El Exorcista‘ o ‘La Profecía‘ (pero no descorchemos el champán, porque si bien el ritmo mejora, el desenlace haría vomitar de asco a una mosca).

Otros sucesos destacables del film:

  • Mamá descubre que las sillas de la cocina se mueven impulsadas por una misteriosa fuerza invisible y no se le ocurre otra cosa que experimentar con su pequeña Carol Ann para ver si también la mueven… pero no os preocupéis, que la protege poniéndole un casco de fútbol americano (¡donde están los de protección al menor! ¡Que le quiten la custodia ahora mismo!).
  • Cada noche el pequeño Robbie se acuesta aterrorizado por el muñeco de un payaso que tiene sentado frente a su cama… ¿y por qué cojones no lo quita de ahí durante el día o le prende fuego?
  • ¿Qué clase de «expertos» contrata Steve (el padre) que tras llegar a la casa y desplegar todo su arsenal tecnológico -cámaras, detectores de movimiento, capturadoras de sonido- el que lo tiene que controlar se pone a escuchar los walkman, sudando absolutamente de todo, mientras que su compañero se dispone a saquear la nevera?. Si es que se merece que se le caiga la cara a cachos…

No sé, pero a mí no me parece respetable la idea de que por hacer esta película alguien haya recibido una maldición del mundo sobrenatural… Si no le ha pasado nada al niño del ‘Sexto Sentido‘, ¿por qué a Carol Anne si?